Llega el final de octubre, con esas tardes cada vez más cortas, ese viento el que se huele la proximidad de la estación fría y con la festividad de Todos los Santos. Y hete aquí, que en esta Murcia del sureste, con gran disgusto, se nos ha colado de lleno el "jelogüen" de los U.S.A. Esta tarde me han tocado a la puerta y cuatro mozalbetes, dos de ellos con pelicos en los "güevos" me han dicho al abrir eso del truco o trato. ¡Qué disparate, Señor!
Posiblemente esos zagales y sus padres también, desconozcan que esta bendita tierra, el culto a las benditas Ánimas del Purgatorio tiene más recorrido y tradición que esos que nos quieren meter por el hocico. Tradiciones, desde la música, en donde las cuadrillas de Auroros, cantan en los distintos cementerios en memoria de los que ya no están, en especial por sus hermanos, pasando por el teatro, con ese Tenorio, que estoy seguro que ni han leído y el nombre de Zorrilla es para ellos la denominación de una guarrilla, terminando por la gastronomía y esos manjares que son el arrope, el calabazate, las gachas dulces, los huesos de santo, los buñuelos de viento y los tostones. Hoy en la huerta, en la casa de los abuelos de mi mujer, hemos probado un menú degustación, como gustan decir en los restaurantes "fisnos", de estos productos tan murcianos.
Pero si la gente no lo sabe, en el callejero murciano, en concreto en el lateral de la Iglesia de San Bartolomé-Santa María, se encuentra un azulejo en hornacina, que no estaría mal que las autoridades dieran un repasico, con el siguiente lema: "A las benditas ánimas no te pese hacer bien, que sabe Dios si serás mañana ánima también". Es una muestra clara de la relevancia en la sociedad murciana del culto a los difuntos, demostrable con la existencia de varias cofradías de ánimas, que se extinguieron en el tiempo.
Luego están las flores en Las Flores y Santa Catalina. Flores para los difuntos, llevadas por familias enteras a los cementerios, en los que pasan al pie del panteón, fosa o nicho, hasta el día entero. Es sin duda un homenaje al que no está.
Yo no soy de subir a cementerios. En parte porque me producen inquietud. Pero sin duda siempre llevaré en el recuerdo a aquellos que se fueron y que fueron parte de mi vida. Mis cuatro abuelos, mis titas y algún amigo.
Os tengo siempre en el corazón.